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martes, 20 de julio de 2010

Un muertito más no caería mal









El llanto contenido han pasado tantas cosas, que apenas puedo respirar. En lo personal todo cambia y todos mis planes van a contra viento.


Pero, esta noche me deja sin aliento la trayectoria de nuestros camaradas del SME, que están muriendo y yo aquí sentada en la Mac en el confort.

Si han fallecido 24, 816 personas por culpa de ese hijo de la reata, FECAL, otro muertito no nos caería mal. Al contrario nos harías un GRAN FAVOR si te suicidas.

¿Indignación, ironía o viva el pan y circo? Media capital se desbordó en el Zócalo de la cuidad en el FIFA FAN FEST para ver el Mundial de fútbol soccer y al lado la muerte rondando.


Espero que la ruleta de la vida gire y te maldiga con las peores pestes existenciales y pagues todo el daño que nos has hecho penjolmsiejsjnshjq asesino. El pueblo no te eligió ¡presidente ilegítimo de mierda!

A los compas del SME un Om y mi meditación más grande, oraré por ustedes.

No sé como ayudar entre la tristeza colectiva y la que me invade ¿qué hacer? Ya no tengo 16 años ya no tengo a mis camaradas de la huelga en la UNAM.

¿Unidad nacional dónde estás?


Cartón de Hernández.
Fotografías de José Carlos González y Cristina Rodríguez. Todo tomado de La Jornada días
16 de julio 2010, 19 de julio 2010 y 20 de julio 2010.

domingo, 11 de julio de 2010

El día que el dios N invadió la Tierra























A Iván Guerrero.
A las sombras de la noche.

Creíamos ser felices hasta que un día nos dimos cuenta de nuestra desgracia.

Entonces, él llegó para guiarnos, nos enseñó la luz opuesta a nuestra muerte, nos convenció y decidimos seguirlo hasta el final.

Cruzamos cuevas y mares, teníamos hambre, pero estábamos conscientes de este cambio, por eso nadie se quejó.

Todo era silencio, sólo silbaba el viento, seguíamos de pie, sangrando, llorando, desollándonos para lavar lo malo y dejar puro el cuerpo. Ofrendamos nuestra sangre y él dijo: sólo así se va lo pernicioso y abre el tránsito a lo bueno.

Nadie se quejó. Quemamos nuestras pieles, nos dolía ver el pasado allí tirado, aplastado, unos cuantos se arrepintieron y como un jaguar hambriento quisieron regresar. Entonces entraron al fuego intentando salvar su valiosa herencia. Fue muy tarde todo se había quemado.

Recordé que allí, en esos escombros se quedó todo lo que ERA, también quise regresar, ya sólo eran cenizas.

La ira me invadió, lo miré, le grité exigiendo que me devolviera lo que era, sólo se rió, murmurando mi desgracia.

Un helor me recorría el cuerpo, él vino y me abrazó, me dio de comer y me arrulló toda la noche. No recuerdo la hora en la que dejé de llorar y dormí.

Al amanecer ya todo era paz, todo era luz. Busqué a los demás, corrimos hacia el sur y encontramos una construcción tan nítida como el cristal.

Cantamos de regocijo, nos abrazamos de contener tanta felicidad.

No sé por cuanto tiempo celebré, pero aún experimento la certeza de amar esto que decidimos nombrar casa.

Imagen del Códice Dresde.
Historia inspirada en el dios N de dicho códice.

domingo, 22 de noviembre de 2009

América resuena, décadas antaño, resuena.

"Este libro es todo ternura y todo violencia"

Carlos Pellicer
En: Testamento del exiliado





Son falsos los aretes
las pieles
las genuflexiones en los templos

Lo único cierto es el rencor
y sus lombrices
la clase que traemos en la bolsa
la cartera
el color de la piel

Asaltemos el cielo
y vomitémoslo por falso

No son nuestras las mieses ni
las palabras

No son nuestras las niñas de los ojos
ni sus gotas de luz

No son nuestras las amapolas
del sexo
ni el producto de su ansia

Nuestro es el odio

Nuestro nuestro color
nuestras manos
nuestras madrugas
angustiosas

---------------------

Yo tengo campanas en mi pecho
que tocaré
cuando se despercen las montañas

De adentro de mis huesos nace el polvo
y su lecho de viento

De adentro de mi amor nace
la noche y su lluvia de
luciérnagas ciegas:
hoy me duele la sombra

Los pies de la tormenta se quedaron rojos de celos
y se siguen quemando falsedades
en el pom de las horas

Yo sólo soy un hombre que tiene multitudes de
voces
en las venas del cuello
y unas raíces de sílice que alimentan
el vidrio de sus ojos


Fragmentos del poemario:
Flores, Marco Antonio. Presentación de: Carlos Pellicer, Muros de luz, Siglos XXI, México, 1968.
Stencil collage on paper by: Shepard Fairey, War for sale.