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sábado, 18 de abril de 2009

Martas cibelinas


Yo, señor, salí de Rusia por Crimea.
Era en 1919.
Hacía diseños vanguardistas para los ballets.
Pintaba colores infames, excesivos, caucásicos,
y vestía con delicado exotismo...
En Estambul, primero,
viví la miseria de amores sin dueño.
Era fácil. Divinamente fácil.
La tela blanca, fresca, sienta lujos en la piel oscura.
Pero también llegó al desorden.
Fui a Londres -vía Plymouth-
y luego a París (el inevitable París, toldos de perla)
donde pasaba tardes cansinas en un restaurant
y noches desgalichadas, obtusas, moradas de lujo,
con vodka barato y blinis mal hechos,
y caballeros a la antigua usanza
que pedían a ese mínimo lujo -y mi cintura-
el dulce perdón de los pecados...
Pecadores cuantos vivimos -decía el viejo Pope-
sólo en la caridad hay salvación.
Soñábamos en la patria lejos. En días de nieve y oro.
Días de troikas y pieles blancas,
amores de armiño, adolescentes, isbas, sones de
la melancolía
vuelta perspectivas neoclásicas, cúpulas bulbosas...
Han pasado -querido señor- más de setenta años.
Casi todos han muerto. Son nietos, sobrinos, otros, lejos,
nadie.
Yo no he cambiado apenas. He perdido la cuenta. Casi no
sé mis años.
Vivo en España. Estuve en Porto. Volví a Berlín.
Ya sólo sé que todo es exilio.
Sólo que mi patria no existe. Que la patria -si es- está
muy lejos.
Sólo sé que todo es provisión. Esperanza, futuro, nada.
Sólo sé que cambiaré de pisos y ciudades,
siempre con recibos de la luz pendientes,
con viejas botellas de vodka en los rincones,
periódicos sin fecha, libros gastados, húmedos,
palabras de una lengua ausente...
Siempre sin fe, aguardando, sin esperanza, atentos.
Sólo sé que hay pisos estrechos,
nombres falsos, oscuros uniformes,
títulos vanos, inventos de aquel reino, frases falsas del
Emperador.
Recuerdo de orgías que no existieron nunca.
Música en palacios de deshielo, violines sin cuerdas...
Sólo que no volveré nunca.
Sólo que no soy de ningún sitio.
Que nunca estuve donde creí estar. Que nada sé,
y que la ilusa patria no existió ni existirá,
ni es posible.
En un perpetuo otoño, los quinqués dan una luz muy
tibia.
Crees en una casa. Pero toda casa está vacía.


Poema de Luis Antonio de Villena
Serpentine sculputere by: Quaraq Nungushuitoq, Dancing bear, Canadá, 2008.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Acotación a la advertencia:

Las historias sólo les suceden a aquellas personas que pueden contarlas.
Michael Cunningham
Así, habiendo examinado las variantes ya mencionadas a la hora de contar mi historia, prefiero y elijo y pongo en práctica una opción intermedia: tener muy claro cómo fue que me hice esta cicatriz para así ganarme el derecho y el privilegio de pensar en ella por última vez o, por lo menos, por un largo tiempo antes de olvidarla.

Ser perfectamente consciente que no se volverá a recordarla y, por lo tanto, permitirse el atrevimiento de contemplarla como nada más que una cicatriz y no como la historia de una cicatriz.

No creo ser del todo claro y no me interesa serlo. Insisto: la lucidez absoluta cuando se pretende apreciar el curso y la velocidad con que se mueven las cosas de una vida -sobre todo si se trata de la vida de un hijo de puta- es un don raro y, por lo tanto, peligroso.


Rodrigo Fresán, La velocidad de las cosas, Tusquets, 1998.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Disonancias eléctricas




Me niego a proponer cambios o ser la directriz de la vida de alguien que no sea yo. En el más puro y cristalino egoísmo. ¿POr qué?

Bien, apenas puedo con mi existencia terrenal y los enseres necesarios para vivir en la urbe pavorosa. ENtre que vivo con mi abuela y los achaques normales de la vejez y unos tíos buena onda, pero alcohólicos, que de vez en vez me alivianan el alimento, me escuchan o ayudan.

Tengo que lidiar con mi madre que no vive allí, pero su activismo materno de pronto impide que uno participe en lo básico y necesario, como no permitir que contrate a alguien que limpie la casa de la abuela. Sin contar que el sueldo del empleado lo cubría yo incluyendo la materia prima y que nadie más realiza esas labores. Nos cubre el polvo.

Después, tolerar a un tío (otro) y al esposo de mi madre que tampoco viven allí, pero constantemente les gusta opinar de la organización del mundo casero como espectadores, sin embargo, a la hora de la acción plaf!! se esfuman.

Ahora sige Alauda con: la licenciatura atrasada por propia voluntad y el cargo de hija bastarda de la UNAM, un empleo simple, hueco, falto de solidez que la ayuda a mantenerse a flote en lo económico y en la no represión-control familiar. Una especie de inmunidad a la libertad por generar recursos. Una vacuna balsámica para que la familia me deje cagarla agusto o sortearla con mis propias decisiones.

Eso en lo más terrenal, porque en lo emocional intento despojarme de todo odio a mi ex-pareja. Me cuestiono con frecuencia cómo se puede ser un culto y altísimo poeta (o al menos creérsela) y a la par ser un mitómano consigo mismo, con el entorno, con el hijo, cómo se puede entrar en catarsis ante un texto y ser un humanista inhumano.

Cómo se puede seducir a una mujer, profesarle amor (si es que existió) y posteriormente golpearla por el simple hecho de ver amenazada la inteligencia masculina, lo culto, ahhh cómo una chica sabrá más que yo, cómo una chica inexperta en amores adultos se dará cuenta que me tiro en su cara a miles, cómo esa chica notará un día que la casa que habita fue el refugio del primer amor (ex-esposa-hijo), cómo ella descubrirá la imperceptible realidad.

Cómo un día después de regresar de una luna de miel patrocinada por familiares ella notará mi ausencia casera, cómo sabrá que fui de viaje a Tlaxcala a vistar a la amante por la que me dejó mi primera esposa, cómo callará la piel los primeros jalones, moretes, paredes taladradas de ofensas, objetos que se estrellan, objetos ritual libros, notas, inciensos, un termo, pequeño proyectil, CUIDADO se dirije a la cabeza.

Cómo un día esa chica correrá a la calle descalza despúes de sortear un intento de asfixia, varios vidrios incrustados en la piel, múltiples puntapiés todo esto días después de perder al hijo-feto del vientre.

Cómo un día ella con todo el dolor en las entrañas del alma soñará que ese hijo-feto, no aries o no tauro, no lacio o no rizado, deberá permanecer en el recuerdo celular de un vientre, deberá salir sin estar listo, sin término, antes de ser el receptáculo de la venganza en nombre de otrO.

Cómo un día antes de la despedida materna inconclusa ella tendrá que salir por la acera a recolectar sus pertenecias que el poeta humano-inhumano tiró con desdén, como lloverá esa noche y ella esperara a unos tíos que vienen en camino, cómo ella tendrá que regresar a la casa de la abuela.

A penas puedo con esa historia que no me cuento, que no es ficción. Apenas logró destilar todo el mugrero interno, aquí no hay empleado que costear que ayude a la limpieza. Me toca SOLA escama por escama hasta las espinas, vaina a vaina hasta el fruto, que toda la imundicia salga hasta el alma diamantina.

También, me preocupa acreditar Filología hispánica y Español Superior y todos los conflictos generados por una sociedad que permitió un robo electoral presidencial, un país que no logra conciliar con sus raíces, que no se ha dado cuenta que el planeta Tierra es la casa y su remodelación-consevación urge, que me dice Nari que no somos generación X, si no Peter Pan y allí haría un enfasis en la efigie social o por voluntad, la verdad yo creo que muchos es por lo social. Quién se la rifa a vivir solo con los míseros sueldos nacionales, en fin...

Después de secretar todo lo que me aflige con letras, me niego y rehúso a intenta mostrar el camino. Cuál camino el salado, el amargo, el síliceo, el fangoso, cuál caramba.
Cada quién y sus traumas de opresión, de sentirse avergonzado, de creerse menos, de ser vago YA!!!!!!!!!!!
Pugno por la autoreflexión, el autoconocimiento, bien diría Björk "army of me" y cual vela cada quien su LUZ.


Acuarela en papel de: Raúl Díaz, Prueba de color, 2005. (acrylic on woodpanel)

viernes, 4 de abril de 2008

XXXIV








Se acabó el extraño, con quien, tarde
la noche, regresabas parla y parla.

Ya no habrá quien me aguarde,
dispuesto mi lugar, bueno lo malo.


Se acabó la calurosa tarde;
tu gran bahía y tu clamor; la charla
con tu madre acabada
que nos brindaba un té lleno de tarde.

Se acabó todo al fin: las vacaciones,
tu obediencia de pechos, tu manera
de pedirme que no me vaya fuera.

Y se acabó el diminutivo, para
mi mayoría en el dolor sin fin,
y nuestro haber nacido así sin causa.

Trilce, César Vallejo.
arriba: Ryan Mc Ginley, Holding Hands, 2003.
inferior: Dash Snow, Incest the game the whole. Family can play, 2006.