
La pared, el piso, el cielo
Y amante mía
Un poco de anatomía
Un mucho de secreción interna
Un mucho de secreción externa
Un poco de sonido carnal:
Pitto... pitto... pitto...
“la alondra es el espíritu de un alma invisible que con su canto quería consolar a la tierra"/"el hombre entonces se dejó convencer, cogió con el corazón muy triste la alondra cantarina y saltarina y le prometió al león que le daría lo primero con lo que se encontrara en casa"/"dame un nombre, un solo nombre para todo cuanto vuela: cardo piedra granada, un solo nombre que el deseo sea por la mañana corola de cal alondra"

Dali Moral, José, Diccionario budista, Kier.
Inkjet print on cotton paper mounted on aluminum by Esther Mathis, Wasser #14, Swiss, 2010.

-Si conocieses al Tiempo tan bien como yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de malgastarlo como si fuera una cosa. Es una persona.
-No entiendo lo que quiere decir- contestó Alicia.
-Naturalmente que no-dijo el Sombrerero, moviendo la cabeza con aire despectivo.-Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo.
-¡Quizá no!- contestó Alicia con cautela, pero sé que tengo que marcar el tiempo cuando aprendo música.
-Ah, eso lo explica todo- dijo el Sombrerero-. El Tiempo no soporta que lo marquen como si fuera ganado.
Pero si estuvieras a buenas con él, él podría hacer casi todo lo que tu quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que tus clases empiezan a las nueve de la mañana: no tienes más que susurrar una insinuación al Tiempo para que las agujas empiecen a girar en un santiamén.
Video film de Teresa Hubard and Alexander Birchler, House with Poll, 2004
Las dakinis se caracterizan por ser de temperamento agresivo o volátil, evocan el flujo de la energía del espacio, bailarinas o camin
antes del cielo: las que se mueven en el espacio.
Su danza representan los movimientos y pensamientos de la conciencia en el flujo mental del dharmakaya similar al florecimiento espontáneo de Buda o rigpa.
En este contexto, el cielo o el espacio, indican la insustancialidad de todos los fenómenos, lo cual es, al mismo tiempo, el potencial puro de todas las posibles manifestaciones.
Las dakinis son agentes de prueba y desafío. Hay situaciones en las que una dakini ha venido a comprobar el conocimiento o el control de un aspirante sobre un tema particular.
Dakini perturba al aspirante a Mahasiddha. Cuando son superadas las pruebas impuestas por ellas, el aspirante a menudo es reconocido como un Mahasiddha y a menudo elevado hasta la tierra pura de las Dakinis, un lugar de éxtasis de iluminación.
Las Dakinis se relacionan con la energía en todas sus funciones y están vinculadas con las revelaciones más altas de los Anuttara Tantras que representan un camino de hacia la transformación. La energía de las emociones negativas kleshas, llamados venenos, son transformados en la energía luminosa de la claridad de la iluminación (jnana).
Sat nam
gracias a tu maestro interior, buena vibra
Pintura de: Nguyen Thann Brinh, The perfect Lotus, Vietnam.




-¿Cuándo volveremos a casa? -le preguntaba a menudo a mi padre, entendiendo por casa Shuku-gawa.
-Jamás.
El diccionario me confirmaba que aquella respuesta era terrible.
Jamás era el país en el que vivía. Era un país sin retorno. No me gustaba. Japón era mi país, el que yo había elegido, pero él no me había elegido a mí. Jamás me había designado: era súbdito del estado de jamás.
Los habitantes de jamás no tienen esperanza. El idioma que hablan es la nostalgia. Su moneda es el tiempo que transcurre: son incapaces de ahorrar y su vida se dilapida hacia un abismo llamado muerte y que es la capital de su país.
Los jamasianos son grandes constructores de amores, de amistades, de escritura y otros desgarradores edificios que contienen su propia ruina, pero son incapaces de construir una casa, una mirada, ni siquiera algo que se parezca a un hogar estable y habitable. Sin embrago, nada les parece tan digno de codicia como un montón de piedras convertidas en su domicilio. Una fatalidad les oculta esa tierra prometida desde el preciso instante en el que creen tener la llave.
Los jamasianos no creen que la existencia sea un proceso de crecimiento, una acumulación de belleza, de sabiduría, de riqueza y de experiencia; desde el momento de nacer, saben que la vida es disminución, pérdida, desposesión, desmembramiento. Se les otorga un trono con el único objeto de perderlo. Desde los tres años, los jamasianos saben lo que la gente de los otros países apenas saben a los sesenta y tres años.
De todo eso no habría que deducir que los habitantes de jamás son tristes. Al contrario: no existe un pueblo más alegre. Las más minúsculas migajas de gracia sumergen a los jamasianos en un estado de embriaguez. Su propensión a reír, a disfrutar, a gozar y a maravillarse no tiene paragón en este planeta. La muerte les acecha con tanta fuerza que tienen por la vida un delirante apetito.
Su himno nacional es una marcha fúnebre, su marcha fúnebre es un himno a la alegría: es una rapsodia tan frenética que la simple lectura de la partitura hace estremecer. Y, sin embargo, los jamasianos tocan todas sus notas.
El símbolo que adorna su blasón es el beleño.
Amélie Nothomb, Biografía del hambre, Anagrama, 2006.
Painted fibreglass, Hamra Abbas, Woman in black, 2008.
Mejor una tarde jugamos
y otra respeto tus hazañas
y más allá
quién sabe,
tal vez, me entierres y reces algo,
algo como eso de "All you need is love",
o algo de Pink Floyd y Lennon
tal vez, te recuerde a Li-Tai-Po
o Adán y su vida
o un Zapata maravillado de alegría.
No sé que podamos ser para ti
cuando nos veas
de cabello largo
dictando clases o cerrando un escenario,
no sé qué sera de nuestros amores tan diferentes
y nuestros ojos hondos.
Pancho querrá cantarte,
Lalo te dará natilla y turrón
o un huipil de Oaxaca y Tlaxcala,
yo no sé,
se me ocurre todo
instantes de ayuda,
secretos a voces
entre nosotros y la montaña.
Ella besará tu cuello
antes de que caiga el día.
Ellos dos te aman
se recogen en un nido
aprisionan la noche y el alba
para cobijar con su amor de estrellas
el blanco manto de tu sonrisa bella.
Duérmete un rato
vendré más tarde para jugar contigo,
me iré a las rutas del corazón y la distancia
aguarda un poco
ya estaré contigo
niña blanca, hermosa, bella
recién nacida.
Benjamín Santamaría
