sábado, 3 de enero de 2009

Ursus maritimus



Tengo un amigo muy querido al que le genera una risa inmensa mi preocupación por los osos polares y no es que se burle, sólo que mi personalidad melodramática ocasiona de pronto risotadas.

SIn embargo, eso no me frena y seguiré insistiendo en el tema. Saben lo que se siente quedarse sin casa. Tal vez, muy pocos pueden reponder esa pregunta.

Si todos los días nos despertamos y ponemos un pie en asfalto, tierra, azulejo, mosaico, duela laminada, maderos en forma de piso, alfombras y demás felpas. Si cada mañana abrimos la llave y sale agua tibia o como guste el bañista, si prendemos la cafetera y apuramos café caliente, salimos a la calle y el funcionamiento del mundo parece normal, jamás sentiremos la muerte planetaria acechándonos.

Pero, este confort es vano, los osos polares se están quedando sin casa el océano ahora es tibio sus hermanos témpanos son acogidos en forma líquida porque han perdido solidez. Y esto se debe a todo el calor que generamos con los aparatos y el tipo de vida que llevamos saturado de tecnología.

Imaginen que nuestro asfalto se volviese lava y tuviesemos que sortearnos la vida en un fragmento minusculísimo de cemento y navegar por esa lava, por supuesto sin morir en dicha empresa.

BIen, pues supongo que así viven varios ursus maritimus, sin ser los únicos afectados, también las orquídeas de Chipas están a un tris de extinguirse, los Saraguatos son atropellados porque su hábitat desaperce y en la búsqueda de una ( árbol) casa deben cruzar la carretera, el loro que hemos atrapado por sus cualidades comunicativas muy próximas a la humana sólo cuenta con 7 mil ejemplares y suponemos que es grato tenerlo de mascota en el patio casero, se augura su rápida aniquilación, los coyotes tampoco están alejados de esta realidad. Y miles de especies que no citaré sufren la misma realidad planetaria.

No es justo ser tan egoistas, este proceder ante la vida, esta actitud de sentirnos poderosos en casa y pensar que como llevamos varios años aquí y ya disfrutamos de sus comodidades los habitantes del devenir, que incluye a plantas y animales, lo solucionen como puedan.

Los cambios por significativos y pequeños que sean garantizan la preservación de la única casa que tenemos.

Incluyamos en nuestros hábitos separar basura, ahorrar agua, desconectar de la corriente lo que no se usa, usar bicicleta y demás acciones que seguro sabemos de memoria, pero en la realidad cuántas llevamos a la práctica.


Buena vibra

Fotografía de: Christopher Burkett, Blue Glaciar Ice, Alaska, 1993.

3 comentarios:

Pachito Rex dijo...

So give me cofee and t.v. tu ru turirú...

¿Hablamos del granito de arena? ¿De que uno con su propia participación mínima, pero participación al final de cuentas, podemos ayudar a los osos polares que navegan por altamar?

¿Es que acaso se puede revertir esta situación? No quiero sonar patetista, pero no sé si se pueda...

ivan dijo...

No es que no sea consciente de la gravedad del problema que representa el calentamiento global y sus consecuencias, pero no puedo evitar reir al imaginar al oso polar haciendo malabares en su pedazo de hielo con su cara seria.
Lo siento mucho mi querida Alondra.

teie dijo...

Hola Alondra. Feliz año.